uación, siete sustantivos del “Convenio de Colaboración” firmado entre el PRI y el PAN el 30 de octubre de 2009 que salió a la luz pública la semana pasada.
Uno: la vergüenza. Lo peor de todo este asunto es el contenido del susodicho pacto: que el PRI le diera sus votos al PAN en el Congreso para subir los impuestos a cambio de que el PAN no se aliara con los partidos de izquierda para disputarle al PRI la elección en el Estado de México el año que entra. Una vergüenza: más impuestos a cambio de menos democracia. Una grosería para los mexicanos que hoy pagan más tributos para que el PRI pudiera tener elecciones más suavecitas en la entidad más habitada del país. Una grosería con los mexiquenses a quienes pretendían restringirles su derecho democrático a decidir si votan o no por un candidato de una alianza electoral.
Dos: la estupidez. No debe sorprendernos que los políticos hagan pactos vergonzosos; la historia está llena de ellos. Lo increíble es la estupidez de ponerlo por escrito y firmado con la presencia de “testigos de honor”. Se corre el riesgo de que algún día se haga público y se produzca un escándalo. Precisamente lo que sucedió. Hay que felicitar al “genio” político al que se le ocurrió esta idea (se especula que el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto) y, desde luego, a los cuatro políticos que estamparon su firma: Beatriz Paredes, César Nava, Fernando Gómez Mont y Luis Enrique Miranda.
Tres: la torpeza. En este caso, del gobierno y del PAN quienes aceptaron poner por escrito las condiciones a las que están obligados ellos, pero no las del PRI. El pacto contiene las cláusulas donde los partidos se obligan a abstenerse de hacer coaliciones electorales, incluso de cambiar la ley para evitar esta figura, pero en ningún lado dice que, a cambio, el PRI apoyaría en el Congreso la iniciativa de Ley de Ingresos del gobierno federal. De esta forma queda la sensación de que los priistas volvieron a “chamaquear” a los panistas quienes otra vez demostraron impericia en el ejercicio del poder.
Cuatro: la mentira. Por todos lados. Primero de Nava y Paredes quienes negaron la existencia de dicho pacto. Luego, gracias al enojo del gobernador Peña Nieto que se sintió traicionado e hizo pública la existencia del acuerdo, tuvieron que comerse sus palabras y admitirlo. Pero la mentira, creo, continúa. Por un lado, de la presidenta del PRI quien insiste en que nunca se negoció el aumento de los impuestos. Yo no me lo creo. Sin embargo, Paredes puede decir esto gracias a la torpeza del PAN de no incluir esta cláusula en el pacto. Por otro lado, está la mentira de que el presidente Calderón no sabía. Así lo aseguran tanto Nava como Gómez Mont. Tampoco me lo creo. Ni por el estilo personal de gobernar de Calderón, quien se mete mucho a los detalles del proceso de toma de decisiones gubernamentales ni por el alcance del pacto. El caso es que este acuerdo ha desnudado otro aspecto común en la política: la mentira.
Cinco: la voracidad. En este caso, del PRI, un partido al que le está yendo muy bien en las elecciones. Sin embargo, no se conforma. Quiere más. Quiere ganar antes que competir. Por eso, en este pacto, restringe, de entrada, la posibilidad de una alianza del PAN con la izquierda para competir en el Estado de México. El apetito insaciable de ganar el poder en una mesa de negociación más que en las urnas.
Seis: el miedo. De Peña Nieto a que la oposición le gane en el Estado de México en los próximos comicios de gobernador en 2011 y, con ello, se descarrile su candidatura presidencial. El gobernador mexiquense tiene miedo, el mismo de Ulises Ruiz de que la alianza opositora le gane la gubernatura al PRI en Oaxaca que hoy es una opción real en las encuestas de Parametría. Y es que, si la alianza PAN-izquierda funciona en algún estado en las elecciones de este año, crece la posibilidad de una similar en el Estado de México en 2011. Y para tratar de darle cerrojazo a esta opción, Peña Nieto negoció el pacto.
Siete: la impunidad. Manlio Fabio Beltrones conmina a dejar “atrás el debate sobre los agravios y el reparto de culpas y pasemos a lo urgente”, es decir, los temas sustanciales de la agenda pública. “Ha sido suficiente el debate sobre los agravios, la evidencia está en la mesa y cada quien ha tomado nota sobre las responsabilidades”, declara el senador priista. ¿De verdad puede darse la vuelta a la hoja de este ignominioso pacto? ¿Basta con decir que ya cada quien tomó nota sobre sus responsabilidades? ¿No habrá un castigo de la ciudadanía a los políticos que negociaron, pusieron por escrito y firmaron un pacto de más impuestos a cambio de menos democracia?
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Ni neoliberalismo ni populismo: democracia republicana. La privatización de la banca • Seminario en el Centro Espinoza Yglesias
Por varios años se promovió el estereotipo de que la crisis de 1995 tuvo su origen en circunstancias provenientes del año anterior y de políticas equivocadas, entre ellas una privatización de la banca inadecuada que dejó a los bancos expuestos, lo que los llevó a la quiebra con un enorme costo para el erario nacional.
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Juegos de PoderLeo ZuckermannSiete sustantivos del pacto
A continuación, siete sustantivos del “Convenio de Colaboración” firmado entre el PRI y el PAN el 30 de octubre de 2009 que salió a la luz pública la semana pasada. Uno: la vergüenza. Lo peor de todo este asunto es el contenido del susodicho pacto: que el PRI le diera sus votos al PAN en el Congreso para subir los impuestos a cambio de que el PAN no se aliara con los partidos de izquierda para disputarle al PRI la elección en el Estado de México el año que entra. Una vergüenza: más impuestos a cambio de menos democracia. Una grosería para los mexicanos que hoy pagan más tributos para que el PRI pudiera tener elecciones más suavecitas en la entidad más habitada del país. Una grosería con los mexiquenses a quienes pretendían restringirles su derecho democrático a decidir si votan o no por un candidato de una alianza electoral. Dos: la estupidez. No debe sorprendernos que los políticos hagan pactos vergonzosos; la historia está llena de ellos. Lo increíble es la estupidez de ponerlo por escrito y firmado con la presencia de “testigos de honor”. Se corre el riesgo de que algún día se haga público y se produzca un escándalo. Precisamente lo que sucedió. Hay que felicitar al “genio” político al que se le ocurrió esta idea (se especula que el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto) y, desde luego, a los cuatro políticos que estamparon su firma: Beatriz Paredes, César Nava, Fernando Gómez Mont y Luis Enrique Miranda. Tres: la torpeza. En este caso, del gobierno y del PAN quienes aceptaron poner por escrito las condiciones a las que están obligados ellos, pero no las del PRI. El pacto contiene las cláusulas donde los partidos se obligan a abstenerse de hacer coaliciones electorales, incluso de cambiar la ley para evitar esta figura, pero en ningún lado dice que, a cambio, el PRI apoyaría en el Congreso la iniciativa de Ley de Ingresos del gobierno federal. De esta forma queda la sensación de que los priistas volvieron a “chamaquear” a los panistas quienes otra vez demostraron impericia en el ejercicio del poder. Cuatro: la mentira. Por todos lados. Primero de Nava y Paredes quienes negaron la existencia de dicho pacto. Luego, gracias al enojo del gobernador Peña Nieto que se sintió traicionado e hizo pública la existencia del acuerdo, tuvieron que comerse sus palabras y admitirlo. Pero la mentira, creo, continúa. Por un lado, de la presidenta del PRI quien insiste en que nunca se negoció el aumento de los impuestos. Yo no me lo creo. Sin embargo, Paredes puede decir esto gracias a la torpeza del PAN de no incluir esta cláusula en el pacto. Por otro lado, está la mentira de que el presidente Calderón no sabía. Así lo aseguran tanto Nava como Gómez Mont. Tampoco me lo creo. Ni por el estilo personal de gobernar de Calderón, quien se mete mucho a los detalles del proceso de toma de decisiones gubernamentales ni por el alcance del pacto. El caso es que este acuerdo ha desnudado otro aspecto común en la política: la mentira. Cinco: la voracidad. En este caso, del PRI, un partido al que le está yendo muy bien en las elecciones. Sin embargo, no se conforma. Quiere más. Quiere ganar antes que competir. Por eso, en este pacto, restringe, de entrada, la posibilidad de una alianza del PAN con la izquierda para competir en el Estado de México. El apetito insaciable de ganar el poder en una mesa de negociación más que en las urnas. Seis: el miedo. De Peña Nieto a que la oposición le gane en el Estado de México en los próximos comicios de gobernador en 2011 y, con ello, se descarrile su candidatura presidencial. El gobernador mexiquense tiene miedo, el mismo de Ulises Ruiz de que la alianza opositora le gane la gubernatura al PRI en Oaxaca que hoy es una opción real en las encuestas de Parametría. Y es que, si la alianza PAN-izquierda funciona en algún estado en las elecciones de este año, crece la posibilidad de una similar en el Estado de México en 2011. Y para tratar de darle cerrojazo a esta opción, Peña Nieto negoció el pacto. Siete: la impunidad. Manlio Fabio Beltrones conmina a dejar “atrás el debate sobre los agravios y el reparto de culpas y pasemos a lo urgente”, es decir, los temas sustanciales de la agenda pública. “Ha sido suficiente el debate sobre los agravios, la evidencia está en la mesa y cada quien ha tomado nota sobre las responsabilidades”, declara el senador priista. ¿De verdad puede darse la vuelta a la hoja de este ignominioso pacto? ¿Basta con decir que ya cada quien tomó nota sobre sus responsabilidades? ¿No habrá un castigo de la ciudadanía a los políticos que negociaron, pusieron por escrito y firmaron un pacto de más impuestos a cambio de menos democracia? |
Que tengo miedo a perderte, perderte otra vez CancioneroFélix Cortés CamarilloSi en su momento Jacobo Arbenz en Guatemala, Fidel Castro en Cuba, Perón en Argentina, Noriega en Centroamérica y actualmente Chávez, Lula da Silva y Morales, adquirieron perfiles de liderazgo continental, ello no se debió a su desempeño local como administradores eficientes de la cosa pública en sus respectivos países, sino a su militancia antinorteamericana, más en el verbo que en la acción. El cónclave latinoamericano en Playa del Carmen siguió el mismo sendero: mandar al carajo a Estados Unidos y Canadá para integrar sin ellos un ente político internacional, mientras cada uno de los integrantes de la OEA se empeña en cerrar un pacto comercial con los dos países más ricos del continente, que al final de cuentas será benéfico siempre para el hermano mayor, que adquiere a bajo precio mercados sobrepoblados, ávidos de mercancías que suponen de calidad alta. El principal defecto de la política latinoamericana ha sido siempre la preponderancia del verbo sobre la esencia. Romántico frente a pragmático. La pose antes que el sustento. La comunidad de países latinoamericanos y caribeños inventada el fin de semana en el Caribe mexicano con la sorpresiva complicidad de Felipe Calderón y el entusiasta apoyo de Lula da Silva no es más que una pose. El órgano más sensible del cuerpo social es el estómago, y a nadie se nos escapa que el mercado más importante del mundo se encuentra cruzando Ciudad Juárez, Mexicali, Piedras Negras o Reynosa. Enconcharnos en un nacionalismo rancio, que por otra parte nunca hemos honrado, es hacernos tontos. De alguna manera tenemos sesenta y dos años de hacernos tontos continentalmente. La Organización de Estados Americanos ha servido lo mismo que la ONU, pero a nivel continental. Toneladas de bosques talados en aras de duplicar discursos sosos, que diría Ambrose Bierce, de dirigentes zafios sobre cosas nimias. Parece que la administración de Felipe Calderón ha decidido seguir jugando al Tío Lolo. Mientras, hay gente que muere sin razón. Como si la muerte la tuviera.
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¡Qué chingones los hizo su jefa! En un ambiente en el que la Suprema Corte le aplicó el tómala barbón al panista gobierno de Sonora, que en vez de dar con los culpables de la tragedia de la guardería ABC que yace en el archivo muerto del gobierno local y federal... a quién le importa que el PIB se haya desparramado en las profundidades del 6.5%, cosa que nos coloca más o menos a la intemperie del mundo civilizado, cuando, gracias a los empeños de la presente administración que atinadamente dirige el señor de Los Pinos, se ha pronunciado por la conformación de un frente latinoamericano para enfrentar al imperialismo yanqui al ritmo de “se me acabó la fuerza de la mano izquierda”, mientras Hugo Chávez intercambiaba carajos con ese notable humanista que es el presidente colombiano, Álvaro Uribe, especialista en bombardeos quirúrgicos. Tanto, que es muy posible que él haya comandado ese ataque gringo contra los talibanes que acabó con todo, particularmente la población civil. |
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